
Otra de las conclusiones a las que llegaron estos científicos fue que las ondas de un teléfono celular penetran de forma más profunda en los cerebros de niños que en adultos, lo que representa un riesgo mayor para este segmento de usuarios indirectos que, en un plazo cercano a los 10 años, podrían desarrollar enfermedades derivadas de la exposición a radiofrecuencias de forma constante. Los científicos hacen un llamado a la FCC para que revise sus criterios técnicos para regir de forma más rigurosa la norma de emisiones de radiofrecuencias; así también, se pidió que los gobiernos desarrollen políticas de salud pública para obligar a las distribuidoras de móviles a informar del daño que los aparatos provocan.